dislexia

La dislexia es un trastorno del aprendizaje de la lectura que se caracteriza por un deterioro de la capacidad para reconocer palabras, lectura lenta e insegura, y escasa comprensión.

Atendiendo a su carácter específico, esta discapacidad lectora no se debe a factores como la baja inteligencia o deficiencias sensoriales significativas. Por tanto, no se consideran disléxicos los niños que tienen un retraso intelectual o madurativo, niños con alguna discapacidad psíquica o física, niños no escolarizados, o que estén en situaciones ambientales desfavorables. Su presencia suele detectarse entre los 8 y los 13 años de edad.

En el CIE-10, la dislexia se define como “Déficit específico y significativo del desarrollo de la capacidad de leer que no se explica por el nivel intelectual, por problemas de agudeza visual o por una escolarización inadecuada. El rendimiento de lectura del niño, debe ser significativamente inferior, al nivel esperado de acuerdo a su edad, su inteligencia general y su nivel escolar”.

Algunos de los síntomas que se asocian al “trastorno específico de la lectura” son:

  • Omisiones, sustituciones, distorsiones o adiciones de palabras o partes de palabras.
  • Lentitud.
  • Falsos arranques, largas vacilaciones o pérdidas de la posición en el texto en el que se estaba leyendo.
  • Inversiones de palabras en frases o de letras dentro de palabras.
  • Incapacidad de recordar lo leído.
  • Incapacidad de extraer conclusiones o inferencias del material leído.
  • El recurrir a los conocimientos generales, más que a la información obtenida de una lectura concreta, para contestar a preguntas sobre ella.

Por su parte, en el manual diagnóstico DSM-IV-TR (APA, 2000), se engloba la dislexia dentro de los trastornos del aprendizaje con el nombre de “trastorno de la lectura” y se establece que “La característica esencial de la dislexia, es un rendimiento en lectura (precisión, velocidad o comprensión), que se sitúa sustancialmente por debajo del nivel esperado en función de la edad cronológica, del cociente intelectual y de la escolarización propia de la edad del individuo”.

El origen exacto de los trastornos lectores sigue siendo objeto de controversia. No hay duda que existen claros indicios que señalan a causas neurobiológicas, pero no se han hallado todavía marcadores concretos y específicos para la dislexia. Parte del problema reside en la presencia concurrente de diversas alteraciones perceptivas, lingüísticas, de lateralidad pero también emocionales, familiares, sociales y escolares.

Sin embargo, sí parece estar más clara la influencia del factor hereditario. En este sentido, algunos estudios sitúan en un 40% el porcentaje de hermanos de niños disléxicos que presentan el mismo problema, siendo de un 30-40% en el caso de los padres. No obstante, no se conocen exactamente los marcadores genéticos implicados.

En cuanto a la prevalencia, algunos estudios europeos sugieren que en nuestro país, podría situarse alrededor del 10 al 15%. Además, el trastorno lector se da con mayor frecuencia en niños que en niñas (2 o 3 veces más probalidad en niños que en niñas), si bien, también hay discrepancias en este terreno y algunos estudios recientes indican que la proporción de niños y niñas estaría más igualado de lo que se ha pensado tradicionalmente.

A nivel escolar, el niño disléxico suele mostrar una pobre autoestima, falta de atención y una disminución progresiva del interés por el estudio, debido al enorme esfuerzo que le supone alcanzar los objetivos propuestos y seguir el ritmo de sus compañeros.

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